Hoy en la Historia

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Fuerza Aérea Estados Unidos/AP

Hoy en la Historia: Estados Unidos lanza bomba atómica sobre Hiroshima

agosto 06, 2010
por el Equipo de encontrandoDulcinea
El 6 de agosto de 1945, el avión de guerra norteamericano Enola Gay lanzó a “Little Boy,” una bomba atómica de 9,700 libras, sobre Hiroshima. Dentro de ocho días, Japón se rindió, poniendo fin a la Segunda Guerra Mundial. 
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‘¡Por Dios!’

“Little Boy” cayó desde el B-29 norteamericano Enola Gay, cortando la luz de la mañana y lanzándose contra Hiroshima. El Coronel Paul Warfield Tibbets siguió su vuelo mientras la bomba atómica explotaba con un “destello como el de un rayo” en una enorme callampa de humo y escombros.

Un oficial japonés que sobrevivió al ataque describió la destrucción, diciendo que “Por todos lados, encontraba muertos y heridos. Algunos estaban hinchados y quemados . Una visión horrorosa, sus piernas y cuerpos desnudos y quemados. Toda la vegetación verde, desde pastos hasta árboles, murieron en este periodo.” La bomba destruyó un 60% de la construcción de la ciudad, y la revista Time informó que, de los 344,000 residentes de Hiroshima, el numero de miles que murieron “puede no saberse jamás.”

Tres semanas antes, Estados Unidos había conducido el Trinity Test, detonando la primera bomba atómica del mundo. El Presidente Harry S. Truman entregó un ultimátum a Japón el 26 de julio, demandando que se rindiera incondicionalmente para terminar con la Segunda Guerra Mundial o se preparara para enfrentar la “destrucción total.” Los líderes japoneses rechazaron los términos de la Declaración de Potsdam de Truman y las fuerzas de Estados Unidos se volvieron hacia la bomba atómica, no encontrando otra alternativa para terminar con la guerra.

El conflicto Pacífico había surgido cuatro años antes, cuando Japón bombardeó Peral Harbor, involucrando a Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial.

La explosión cayó sobre la ciudad de Hiroshima, un importante centro militar, justo antes de la madrugada del 6 de agosto. En un informe de prensa más adelante esa mañana, el Presidente Truman dijo que “Si no aceptan nuestros términos, pueden esperar una lluvia de ruinas desde el aire, como nunca antes se ha visto en esta Tierra. Destruiremos sus muelles, fabricas y comunicaciones. Que no haya error; destruiremos completamente la capacidad de Japón para hacer la guerra.” Maravillándose por el poder de la bomba atómica, Truman prometió hacer recomendaciones al Congreso sobre cómo el poder atómico podría utilizarse para mantener la paz mundial.

Los medios japoneses se refirieron a “Little Boy” como un arma “diabólica” y “de sangre fría,” diciendo que “todos los organismos vivos, tanto humanos como animales, fueron quemados hasta la muerte por la bomba.” La Radio Tokio argumentó que el ataque fue una “violación de la ley internacional, que prohíbe a los atacantes un rango ilimitado de medios de destrucción.”

Desarrollos posteriores: Bombardeo de Nagasaki; Radiación; Rendición de Hirohito

Incluso luego del bombardeo, los líderes japoneses volvieron a rechazar los términos de la Declaración de Potsdam, llevando a que Estados Unidos bombardeara Nagasaki. Estados Unidos repartió panfletos en ciudades japonesas el 6 de agosto, recomendando a residentes evacuar inmediatamente. Se les advirtió que, ya que los líderes japoneses se habían negado a rendirse, las fuerzas de Estados Unidos planeaban utilizar bombas atómicas y “otras armas superiores para terminar con la guerra rápidamente y por la fuerza.” Tres días más tarde, Estados Unidos lanzó la segunda bomba atómica, Fat Man, sobre Nagasaki. El gobierno municipal de la ciudad estimó que más de 70,000 muertes ocurrieron.

Miles de japoneses murieron a causa de los efectos de la radiación durante las semanas siguientes. Muchos sufrieron quemaduras por el calor emitido por la bomba. Los síntomas de los afectados por la radiación, que aparecieron dentro de tres días en los sobrevivientes que habían estado cerca de la explosión y dentro de hasta cuatro semanas para quienes vivían más lejos, incluían debilidad, perdida del cabello, fiebre, gangrena en las encías, ulceras y hemorragias. Los bombardeos destruyeron no sólo las ciudades y la moral japonesa, sino que también la salud de su población.

Japón se rindió a los Aliados el 14 de agosto, aceptando los términos de la Declaración de Potsdam incondicionalmente y trayendo paz al frente Pacífico y. En su discurso a los japoneses, el Emperador Hirohito llamó a la “paz y bienestar de los súbditos imperiales, compartiendo la felicidad y prosperidad entre decenas de miles de naciones.” La victoria en Japón, o el Día V-J, efectivamente marcó el fin de la Segunda Guerra Mundial, en la que más de 300,000 soldados norteamericanos entregaron sus vidas.

Opinión y análisis: ¿Se justificaron las bombas atomicas?

La decisión de Truman ha sido criticada por muchos como cruel e inhumana, pero alabada por otros como un fin rápido para una guerra ya devastadora. Un artículo en The Atlantic analiza ambos lados de la historia. El artículo destaca “If the Atomic Bomb Had Not Been Used” (“Si la bomba atómica no hubiera sido utilizada”), por Kart T. Compton, en la que el autor nota que “las explosiones nucleares mataron a muchas menos personas que los bombardeos. Además, sin los ataques nucleares, los japoneses no se habrían rendido, incluso al ser derrotados militarmente: ‘No puedo creer,’ escribió, ‘que sin la bomba atómica la rendición hubiera ocurrido sin los costos y las muertes de una lucha continuada.’” Thomas Powers ofrece una perspectiva opuesta en “Was It Right?” (“¿Fue Correcto?”), preguntando “¿cómo puede el asesinato de 100,000 civiles en un día por un asunto político ser considerado cualquier cosa además de un crimen?” Powers admite, sin embargo, que “el bombardeo fue cruel … pero terminó con una crueldad mayor y más larga.”

Referencia: Documentos primarios sobre la bomba atómica

El National Security Archive tiene una extensa selección de recursos primarios sobre la bomba atómica y el final de la Segunda Guerra Mundial. Los documentos incluyen cartas entre políticos debatiendo el uso de alternativas y el primer memorándum de rendición enviado por los japoneses.

John Hersey entrevistó a los sobrevivientes y escribió un recuento de sus vidas luego del bombardeo de Hiroshima. La entrevista se llevó la edición entera de agosto de 1946 del New Yorker, según indicó Steve Rothman en www.herseyhiroshima.com. La revista se vendió en horas, y su obra fue luego publicada como un libro. Rothman llamó al libro “un recuento calmo y preciso de la supervivencia en la primera ciudad en ser destruida por una sola arma.”